La Política Histórica de Asignación de Divisas en Venezuela: Un Análisis Crítico y Propuestas para el Futuro

Por Andrés Giussep (Poli-data.com)

Venezuela, un país bendecido con vastas reservas de hidrocarburos, ha transitado por una senda económica marcada por una política de asignación de divisas centralizada y discrecional. Históricamente, el Estado, a través del control casi monopólico de las divisas petroleras, ha asumido el rol de principal «repartidor» de dólares para importaciones, ahorro e incluso gasto público. Esta política, lejos de ser un motor de desarrollo, ha demostrado ser un freno, generando distorsiones, ineficiencias y una dependencia crónica del rentismo petrolero.

Desde el inicio de la industria petrolera la Economía Política de las divisas en Venezuela, la transferencia irreversible de divisas está vinculada a la discrecionalidad en la asignación de recursos escasos. Cuando el Estado vende divisas sin condiciones, crea incentivos para la captura rentista y la fuga de capitales, en lugar de promover inversiones productivas. Este fenómeno se agrava cuando las divisas son utilizadas para financiar importaciones innecesarias o repatriación de utilidades, en lugar de fortalecer la capacidad productiva interna.

Ese comportamiento estatal se ha regido por lo que el Doctor Andrés Giussepe denomina como el «Principio de transferencia irreversible de divisas sin contraprestación productiva», que se entiende como un proceso mediante el cual el Estado centraliza los ingresos en moneda extranjera generados por las exportaciones de recursos naturales (principalmente petróleo), pero en lugar de reinvertirlos estratégicamente en actividades económicas con retornos tangibles (como industrialización, tecnología o infraestructura), los transfiere directamente a actores privados o externos bajo modalidades que no garantizan beneficios productivos para la economía nacional. (Giussepe, julio 2025)

Conceptos Generales de Generación de Divisas

La entrada de divisas a un país se nutre principalmente de las siguientes fuentes:

  • Exportaciones de Bienes y Servicios: La venta de productos y servicios al mercado internacional.
  • Inversión Extranjera Directa (IED): Flujos de capital que empresas o individuos de un país invierten en activos productivos en otro.
  • Remesas: Dinero enviado por ciudadanos que trabajan en el extranjero a sus familias en su país de origen.
  • Turismo: Gasto realizado por visitantes internacionales.

El sector privado contribuye a través de la exportación de bienes y servicios, la atracción de IED y, en menor medida, mediante remesas privadas. El sector estatal, por su parte, genera divisas principalmente a través de exportaciones de empresas públicas (especialmente en industrias estratégicas como petróleo, gas o minería), préstamos del sector público en mercados internacionales y la gestión de las reservas internacionales oficiales.

 

Crítica a la Política de Asignación Discrecional de Divisas

La práctica de la asignación estatal de divisas a diversos actores económicos y sociales, si bien pudo haber tenido intenciones de control y equidad en su origen, ha desembocado en una serie de consecuencias negativas:

  • Fuentes de Corrupción y Discrecionalidad: Cuando el Estado es el único o principal proveedor de divisas, se crea un sistema donde el acceso a esos dólares se convierte en un privilegio. Esto ha abierto la puerta a la corrupción y la discrecionalidad, donde la cercanía al poder, y no la eficiencia o productividad, determinaba quién obtenía las divisas. Las «cocinas de importaciones» se convirtieron en un eufemismo para esquemas donde se obtenían dólares preferenciales para bienes que no se importaban o se sobrefacturaban, drenando el patrimonio nacional.
  • Destrucción del Tejido Productivo Nacional: Al facilitar la importación a tipos de cambio preferenciales (artificialmente bajos), se hizo más rentable importar que producir internamente. Esto asfixió a la industria nacional, que no podía competir con bienes extranjeros subsidiados por una divisa barata. El resultado fue una desindustrialización progresiva y una economía cada vez más dependiente de las importaciones, incluso de productos que Venezuela tenía la capacidad de producir.
  • Fomento de la Especulación y la Fuga de Capitales: La existencia de múltiples tipos de cambio y la expectativa de devaluaciones futuras incentivaron la especulación. Quienes tenían acceso a divisas preferenciales podían venderlas en el mercado paralelo a un precio mucho mayor, obteniendo ganancias exorbitantes. Esto no solo descapitalizó al país, sino que también estimuló la fuga de capitales, ya que se buscaba resguardar el patrimonio en monedas fuertes ante la inestabilidad del bolívar.
  • Ausencia de un Mercado Cambiario Funcional: La asignación estatal de divisas impidió el desarrollo de un mercado cambiario transparente y eficiente. Sin la participación activa de oferentes y demandantes privados de divisas (que en otras economías son los principales generadores), el tipo de cambio dejó de ser un indicador real de la salud económica y se convirtió en una variable política, sujeta a decisiones administrativas y presiones coyunturales.
  • Desperdicio del Patrimonio Común: Las divisas petroleras son, en esencia, un patrimonio común de todos los venezolanos. La política de liquidarlas indiscriminadamente para el «provecho de muy pocos» (importadores ineficientes, especuladores, o sectores privilegiados) significó un derroche de riqueza que debió haber sido invertida en el desarrollo sostenible, la diversificación económica y el fortalecimiento de las reservas internacionales para las generaciones futuras. En lugar de ser un fondo de inversión para el futuro, se convirtió en una fuente de liquidez para el consumo importado y la especulación.
  • Impacto Negativo en la Calidad de Vida y Salarios: Aunque en teoría la divisa barata buscaba mejorar el poder adquisitivo, en la práctica generó una inflación reprimida y escasez. Cuando las divisas no alcanzaban o se asignaban mal, se producían desabastecimientos. Además, al destruir la producción nacional, se eliminaron empleos productivos y se erosionó la base para un crecimiento salarial sostenido. La calidad de vida, en lugar de mejorar, se vio comprometida por la inestabilidad y la dependencia.

Recomendaciones para un Cambio de Política: Fortalecer Reservas y Promover la Productividad Endógena

El camino hacia una economía venezolana próspera y sostenible pasa por un giro radical en la política de divisas. Las recomendaciones se centran en devolver al sector privado su rol de generador de divisas y al Estado su función de regulador y administrador del patrimonio común y no la de vendedor de petrólares. Las siguientes alternativas buscan superar el principio de transferencia irreversible:

  1. Fomento Activo de la Producción y Exportación Privada:
    • Incentivos a la Exportación No Petrolera: Crear un marco de políticas que recompensen la exportación de bienes y servicios «hechos en Venezuela». Esto incluye facilitar trámites, reducir impuestos a la exportación, ofrecer financiamiento para la reconversión industrial y promover acuerdos comerciales.
    • Atracción de Inversión Extranjera Directa (IED): Garantizar la seguridad jurídica, estabilidad macroeconómica y reglas claras para los inversionistas extranjeros. La IED no solo trae divisas, sino también tecnología, conocimiento y capacidad productiva, fortaleciendo el tejido empresarial nacional.
    • Apoyo a PYMES Exportadoras: Las pequeñas y medianas empresas son clave para la diversificación. Programas de capacitación, acceso a mercados internacionales y financiamiento especializado pueden impulsar su capacidad exportadora.
  2. Rol Estratégico del Estado en la Administración de Divisas:
    • Las Divisas Petroleras para las Reservas Internacionales: Las divisas generadas por PDVSA deben destinarse prioritariamente a fortalecer las reservas internacionales del país. Estas reservas actúan como un colchón de estabilidad, garantizando la capacidad de importación estratégica (medicinas, alimentos básicos, insumos esenciales) y generando confianza en los mercados internacionales.
    • Creación de un Fondo de Estabilización Macroeconómica: Establecer un fondo soberano (similar al de Noruega o México) alimentado por los excedentes petroleros. Este fondo invertiría en el extranjero, generando rendimientos en divisas, y se utilizaría para estabilizar la economía en períodos de bajos precios del petróleo, evitando la necesidad de liquidar divisas a la ligera en momentos de bonanza.

El FEM, como fondo soberano autónomo, operaría bajo principios de transparencia, rendición de cuentas y priorización estratégica (exportaciones, sustitución de importaciones, innovación tecnológica

  • Préstamos Retornables a través del Fondo, otorgando divisas a empresas nacionales bajo esquemas condicionados a inversión productiva estratégica en el marco de los Motores Económicos identificados por el Ejecutivo Nacional.
    • Gasto Público Eficiente y Transparente: El Estado debe financiar su gasto público a través de una reforma fiscal que no dependa solo del petróleo. Las divisas necesarias para las importaciones estatales (por ejemplo, medicinas o equipos de salud) deben obtenerse del mercado cambiario al tipo de cambio de mercado, como lo hacen otros actores.
  1. Desarrollo de un Sistema Financiero Sólido y Transparente: Un sistema financiero robusto que permita la intermediación por la vía del crédito, las transacciones de divisas de forma legal y segura es fundamental. Esto incluye bancos privados que puedan captar y colocar divisas del mercado no petrolero, facilitando las operaciones de comercio exterior sin la necesidad de la intermediación estatal.
  2. Educación Económica y Cultural de la Productividad: Es vital cambiar la mentalidad rentista por una cultura de la productividad y el ahorro. Los ciudadanos deben comprender que la riqueza de un país no reside solo en sus recursos naturales, sino en su capacidad de producir bienes y servicios de valor.

Beneficios del Cambio de Política

La implementación de estas recomendaciones traería beneficios tangibles y sostenibles para Venezuela:

  • Mejora de la Calidad de Vida: Un mercado cambiario estable reduce la inflación y la incertidumbre, lo que se traduce en un mayor poder adquisitivo real para los ciudadanos.
  • Aumento de Salarios: Al reactivarse la producción nacional, se generarán empleos de calidad y bien remunerados, aumentando los salarios de manera sostenible y no artificial.
  • Mayor Productividad y Diversificación Endógena: La eliminación de distorsiones incentivará la inversión en sectores no petroleros, impulsando la producción local y reduciendo la dependencia de las importaciones (sustitución).
  • Fortalecimiento de las Reservas Internacionales: Una gestión prudente de las divisas petroleras y el crecimiento de las exportaciones privadas asegurarán un colchón robusto para enfrentar contingencias y generar confianza en los mercados.
  • Fin de la Corrupción Cambiaria: Al eliminar la discrecionalidad en la asignación de divisas, se cerrarán las puertas a la corrupción y el parasitismo económico.

En definitiva, la crítica a la política histórica de asignación de divisas en Venezuela no es solo un reproche al pasado, sino un llamado urgente a transformar un modelo económico leonino que perdura desde inicios de la Industria Petrolera venezolana hasta nuestros días.

Es hora de que el patrimonio común de divisas petroleras sea resguardado y administrado estratégicamente para el beneficio de todos, mientras que el sector privado asume el rol protagónico en la generación de divisas, construyendo así un país más productivo, estable y próspero para sus ciudadanos.

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