Por: Andrés Giussepe
(08/04/2026)
Hola a todos. Hoy escribo y les hablo con la urgencia que demanda el momento histórico.
En los últimos meses, hemos escuchado con preocupación una narrativa que intenta posicionarse en los centros de poder: la necesidad de «reformar» nuestra Ley Orgánica del Trabajo (LOTTT). Bajo el argumento de la competitividad y la «flexibilización», lo que realmente se asoma es un intento por cercenar derechos conquistados y, lo más grave, abrirle la puerta a una privatización silenciosa de nuestra industria petrolera.
Hoy quiero ser tajante: La Ley del Trabajo no necesita que le quiten derechos; necesita que le den viabilidad financiera. Y la solución no es la reforma, es el Título de Deuda Laboral Heredable (Giussepe).
El «Nudo Gordiano» de las Prestaciones
Seamos honestos. Actualmente, el sistema de prestaciones sociales tiene «amarrado» a todo el país.
- El trabajador ve cómo su ahorro de años se convierte en sal y agua por la inflación.
- El empresario vive con el temor de un pasivo laboral que no puede calcular ni pagar.
- El Estado no encuentra la fórmula para honrar una deuda histórica que sigue creciendo.
Ante este bloqueo, los sectores que promueven la privatización de PDVSA sugieren que la solución es «borrón y cuenta nueva». Nosotros decimos: ¡Las conquistas no se ceden! Los derechos de los trabajadores son patrimonio nacional. Por eso, nosotros no planteamos retroceder, sino avanzar hacia la socialización del petróleo.
El Método de la Justicia: Del «Modelo Chevron» al «Modelo Obrero»
Muchos me preguntan: «Andrés, ¿de dónde saldrá el dinero?». La respuesta ya está funcionando en el país, pero hoy beneficia a otros.
Fíjense en el llamado «Método Chevron». Una transnacional viene, invierte su capital, extrae el crudo, lo comercializa, recupera su inversión, cobra parte de lo que la nación le debe y le deja al Estado lo que corresponde por regalías e impuestos. Pues bien, lo que propongo es aplicar esa misma ingeniería financiera, pero con un destino sagrado de lo que le corresponde al Estado: cancelar los pasivos laborales de nuestra gente.
No es un pago de un solo golpe que desequilibre la caja del Estado. Es un flujo de justicia proyectado a 14 años. A medida que la producción en los campos asignados avance desde el primer año, el trabajador comenzará a percibir un ingreso que se irá elevando hasta alcanzar a un promedio de entre $350 y $450 mensuales (pagaderos en bolívares a la tasa oficial).
No es un Bono, es un Patrimonio Heredable
Pero aquí está la clave: el capital en divisas de esa deuda no se queda en el aire. Se deposita en un Fondo Soberano.
Miremos al mundo con altura. ¿Cómo lo hicieron Qatar, Noruega o los Emiratos Árabes? Crearon fondos que protegen la riqueza para las próximas generaciones. Si a ellos les ha funcionado para ser las naciones más prósperas del planeta, ¿por qué a los venezolanos se nos quiere condenar a la mendicidad?
El Título Giussepe es heredable. Si el trabajador ya no está, ese activo queda para sus hijos o nietos. Es convertir una deuda muerta en un patrimonio vivo que se capitaliza con el tiempo donde ganan todos los actores.
Conclusión: La Dignidad no se Reforma
Defender la Ley del Trabajo es defender la paz social de Venezuela. Quienes proponen reformarla para quitar beneficios están mirando al pasado. Nosotros miramos al futuro con soberanía financiera.
No se trata de privatizar para que unos pocos se hagan ricos; se trata de socializar para que el trabajador, por fin, sea dueño de la riqueza que ayudó a extraer con su sudor.
La Ley del Trabajo no necesita que miremos hacia atrás para restar, sino que miremos hacia adelante para sumar soluciones que reconozcan el esfuerzo nacional.
