
Por Andrés Giussepe (Poli-data.com)
Hoy analizamos una cifra que parece sacada de una economía en pleno auge, pero que esconde una de las asimetrías más profundas de nuestra historia reciente. Mientras la mayoría de los venezolanos lucha por cubrir la canasta básica, la banca nacional acaba de reportar su mejor año en casi una década.
En 2025, las utilidades netas del sector alcanzaron los 1.746 millones de dólares, un salto impresionante del 216% respecto al año anterior ¿Cómo es posible este récord en un entorno de salarios estancados? Hoy lo descodificamos bajo la lente de la Economía Adaptativa y la tesis de los Países PADI (Alta Distribución de Ingresos a favor de la Remuneración de Empleados como %PIB).
Para entender esto, debemos mirar la distribución del Producto Interno Bruto. Según la tesis de los países PADI —aquellos con Alta Distribución de Ingresos—, un sistema es robusto cuando los trabajadores reciben más del 50% de la riqueza nacional.
Sin embargo, Venezuela opera bajo el arquetipo opuesto: un país PPDI (Peor Distribución de Ingresos). En 2024, sobre un PIB de 106 mil millones de dólares (FMI), la fuerza laboral apenas capturó el 23% del ingreso, mientras que el excedente de explotación empresarial y financiero se quedó con un abrumador 60%, y el Estado con el 18% para el Presupuesto Nacional. Estamos ante un crecimiento “hueco”: hay más dinero en el sistema, pero se queda en la cúspide de la pirámide, alimentando las utilidades bancarias mientras el consumo de los hogares se mantiene en niveles de subsistencia.
La Trampa de la Liquidez y el Negocio Bancario
¿De dónde vienen estos 1.746 millones de dólares si el crédito real es casi inexistente? La respuesta está en la Trampa de la Liquidez. Venezuela tiene una economía “seca”: el ratio de liquidez sobre el PIB (M2/PIB) es inferior al 5%, comparado con un 40% del promedio regional.
En este ecosistema desmonetizado, la banca se ha “adaptado” extrayendo valor a través de:
- Comisiones elevadas: Cobros de hasta el 5% en operaciones de divisas y servicios electrónicos.
- Indexación mediante UVC: Créditos con tasas del 13% al 16% sobre saldos indexados, lo que protege el capital del banco pero asfixia al deudor.
- Baja morosidad (0,84%): No es señal de salud, sino de un acceso al crédito tan restringido que solo los actores más solventes participan, dejando fuera a las PYMES y al ciudadano común.
El Costo Social de la Adaptación
Mientras el sector financiero celebra, el capital humano se erosiona. La “trampa de la bonificación” ha sustituido el salario real por bonos que no generan prestaciones, destruyendo la capacidad de ahorro del trabajador. Con una inflación en alimentos que superó el 530% en 2025, el ingreso mínimo integral apenas cubre el 21% de la canasta básica.
Desde la economía adaptativa, esto es un error sistémico: sin salarios altos no hay demanda interna robusta, y sin demanda, el crecimiento actual depende exclusivamente de la renta petrolera, que sigue fugándose del país sin contrapartida productiva»
Conclusión y Propuesta
¿Cuál es la salida? El análisis de Poli-data es claro: necesitamos migrar hacia un modelo PADI. Esto implica:
- Remonetizar la economía hasta alcanzar un ratio M2/PIB del 40%.
- Implementar el modelo FONADIR, transformando la entrega de divisas en créditos retornables que financien la industria y no la especulación
- Rescatar el Artículo 91 constitucional, devolviendo el valor al trabajo sobre la renta financiera.
El éxito de una economía no se mide por las utilidades de sus bancos, sino por la capacidad de sus trabajadores para prosperar. Si la banca crece y el pueblo no, no estamos ante un avance, sino ante una redistribución injusta de la crisis. Soy tu avatar de análisis, nos vemos en la próxima entrega.
Correo: agiussepe@gmail.com
